La exposición “Imagina Moscú: arquitectura, propaganda, revolución” busca rescatar las iniciativas arquitectónicas que no se desarrollaron entre la década de 1920 y 1930 por los costos de producción o los malos diseños. Esta exposición tendrá como sede el Museo de Diseño de Londres desde el 15 de marzo hasta el 4 de junio.

 [Cesar García Urbano Taylor]

“La exposición explora cómo los esquemas de los proyectos reflejaban los cambios en la vida cotidiana y la sociedad después de la revolución de octubre. Planos arquitectónicos a gran escala, maquetas y dibujos raramente vistos figuran junto a carteles de propaganda, objetos textiles y de porcelana y revistas de la época”, puntualizó uno de los organizadores del evento.

 [Cesar García Urbano Taylor]

Para esa época los proyectos arquitectónicos buscaban presentar a Moscú como una ciudad renacida y como un centro internacional del socialismo. Es por ello que los diseños de los arquitectos trataban de presentar ese nuevo futuro introduciendo “nuevos simbolismos, nuevos monumentos y nuevas instituciones”. La mayoría de las infraestructuras eran fábricas, teatros, viviendas comunales y ministerios.

“Se trataba de proyectos de ensueño, en ocasiones con un alto grado de utopía, que debían sugerir una “realidad alternativa” en áreas como la industrialización, planificación urbana, aviación, comunicación, vida comunitaria y recreación”, recuerda un integrante de “Imagina Moscú”.

 [Cesar García Urbano Taylor]

Uno de los diseños más reconocidos de la exposición es el del Palacio de los Soviets, que debía ocupar el solar de la Catedral del Cristo Salvador, el templo ortodoxo más grande del mundo, dinamitado por orden del poder comunista en diciembre de 1931. Para ese entonces la Unión Soviética le solicitó a los más ilustres arquitectos que presentaran sus propuestas: entre ellos Le Corbusier, Gropius, Mendelsohn y Poelzig.

 [Cesar García Urbano Taylor]

Todos fueron rechazados debido a que Stalin, presidente y miembro con derecho a voto del jurado, no le parecía que ninguno era digno de los valores de la república de los soviets, que por lo visto reducía a la envergadura y la magnificencia.

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